LECCIÓN
10
TURNO VESPERTINO
Bloque VI Prototipos textuales de la
redacción
Durante la semana que inicia,
nos dedicaremos a conocer las características de los diferentes tipos de textos
y su clasificación.
Los prototipos textuales son
las características estructurales que definen a cada texto, tienen un lenguaje
específico y estructuras externas e internas particulares. Éstos son:
descripción, narración, diálogo, exposición y argumentación.
Entrega de video en Power Point
Nota: Esta parte del trabajo
corresponde a distintos maestros quienes los orientarán en el proceso,
recuerden que lo central consiste en explicar sobre Las ventajas y
desventajas del uso de video juegos, descubrimientos,
aprendizajes, conclusiones logradas a través de la investigación.
TAREA:
· Investiga
en casa en qué consiste la narración, descripción, argumentación, diálogo y
exposición.
· Elige
fragmentos de textos que ejemplifique a la narración, descripción,
argumentación, diálogo y exposición.
ACTIVIDADES EN CLASE:
Ø La
información investigada se procesará en un esquema o modelo cognitivo
Ø Explicar
la razón por la que los textos seleccionados pertenecen a determinado prototipo
o estructura textual
Ø Realiza
la lectura en clase del texto 1 y determina el prototipo textual
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NOMBRE: GRUPO:
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ESCALA ESTIMATIVA DE LA
LECCIÓN 10
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R
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B
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MB
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E
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El alumno procesa la información investigada en un modelo cognitivo
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El alumno selecciona fragmentos para ejemplificar los prototipos
textuales
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Explica las razones del prototipo textual del fragmento seleccionado
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Realiza la lectura del texto 1 y determina los prototipos textuales
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Realiza la lectura del texto 2 y determina los prototipos textuales
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TOTAL DE PUNTOS OBTENIDOS
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TEXTO 1
La casa nueva Silvia Molina
Claro que no creo en la suerte, mamá. Ya está usted
como mi papá. No me diga que fue un soñador; era un enfermo —con el perdón de
usted. ¿Qué otra cosa? Para mí, la fortuna está ahí o, de plano, no está. Nada
de que nos vamos a sacar la lotería. ¿Cuál lotería? No, mamá. La vida no es
ninguna ilusión; es la vida, y se acabó. Está bueno para los niños que creen en
todo: “Te voy a traer la camita”, y de tanto esperar; pues se van olvidando.
Aunque le diré. A veces, pasa el tiempo y uno se niega a olvidar ciertas
promesas; como aquella; como aquella tarde en que mi papá me llevó a ver la
casa nueva de la colonia Anzures.
El trayecto en el camión, desde la San Rafael, me
pareció diferente, mamá. Como si fuera otro… Me iba fijando en los árboles —se
llaman fresnos, insistía él—, en los camellones repletos de flores anaranjadas
y amarillas —son girasoles y margaritas—, decía.
Miles de veces habíamos recorrido Melchor Ocampo,
pero nunca hasta Gutemberg. La amplitud y la limpieza de las calles me gustaba
cada vez más. No quería recordar la San Rafael, tan triste y tan vieja: “No
está sucia, son los años” —repelaba usted siempre, mamá. ¿Se acuerda? Tampoco
quería pensar en nuestra privada sin intimidad y sin agua.
Mi papá se detuvo antes de entrar y me preguntó:
—¿Qué te parece? Un sueño, ¿verdad?
Tenía la reja blanca, recién pintada. A través de
ella vi por primera vez la casa nueva… La cuidaba un hombre uniformado. Se me
hizo tan… igual que cuando usted compra una tela: olor a nuevo, a fresco, a
ganas de sentirla.
Abrí bien los ojos, mamá. Él me llevaba de aquí
para allá de la mano. Cuando subimos me dijo: “Ésta va a ser tu recámara”.
Había inflado el pecho y hasta parecía que se le cortaba la voz de la emoción.
Para mí solita, pensé. Ya no tendría que dormir con mis hermanos. Apenas abrí
una puerta, él se apresuró: “Para que guardes la ropa”. Y la verdad, la puse
allí, muy acomodadita en las tablas, y mis tres vestidos colgados, y mis
tesoros en aquellos cajones. Me dieron ganas de saltar en la cama del gusto,
pero él me detuvo y abrió la otra puerta: “Mira”, murmuró, “un baño”. Y yo me
tendí con el pensamiento en aquella tina inmensa, suelto mi cuerpo para que el
agua lo arrullara.
Luego me enseñó su recámara, su baño, su vestidor.
Se enrollaba el bigote como cuando estaba ansioso. Y yo, mamá, la sospeché
enlazada a él en esa camota —no se parecía en nada a la suya—, en la que harían
sus cosas sin que sus hijos escucháramos. Después, salió usted recién bañada,
olorosa a durazno, a manzana, a limpio. Contenta, mamá, muy contenta de haberlo
abrazado a solas, sin la perturbación ni los lloridos de mis hermanos.
Pasamos por el cuarto de las niñas, rosa como sus
mejillas y las camitas gemelas; y luego, mamá, por el cuarto de los niños que
“ya verás, acá van a poner los cochecitos y los soldados”. Anduvimos por la
sala, porque tenía sala; y por el comedor y por la cocina y por el cuarto de
lavar y planchar. Me subió hasta la azotea y me bajó de prisa porque “tienes
que ver el cuarto para mi restirador”. Y lo encerré ahí para que hiciera sus
dibujos sin gritos ni peleas, sin niños cállense que su papá está trabajando,
que se quema las pestañas de dibujante para darnos de comer.
No quería irme de allí nunca, mamá. Aun encerrada
viviría feliz. Esperaría a que llegaran ustedes, miraría las paredes lisitas,
me sentaría en los pisos de mosaico, en las alfombras, en la sala acojinada; me
bañaría en cada uno de los baños; subiría y bajaría cientos, miles de veces, la
escalera de piedra y la de caracol; hornearía muchos panes para saborearlos
despacito en el comedor. Allí esperaría la llegada de usted, mamá, la de Anita,
de Rebe, de Gonza, del bebé, y mientras también escribiría una composición para
la escuela: La casa nueva.
En esta casa, mi familia va a ser feliz. Mi mamá no
se volverá a quejar de la mugre en que vivimos. Mi papá no irá a la cantina;
llegará temprano a dibujar. Yo voy a tener mi cuartito, mío, para mí solita; y
mis hermanos…
No sé qué me dio por soltarme de su mano, mamá.
Corrí escaleras arriba, a mi recámara, a verla otra vez, a mirar bien los
muebles y su gran ventanal; y toqué la cama para estar segura de que no era una
de tantas promesas de mi papá, que allí estaba todo tan real como yo misma,
cuando el hombre uniformado me ordenó:
—Bájate, vamos a cerrar.
Casi ruedo por las escaleras, el corazón se me
salía por la boca:
—¿Cómo que van a cerrar, papá? ¿No es mi recámara?
Ni con el tiempo he podido olvidar: que iba a ser
nuestra cuando se hiciera la rifa.
TEXTO 2
Antología del pan Salvador Novo
El pan, según la Biblia,
resulta ser tan antiguo como el hombre mismo. Adán, vegetariano, al ser echado
de su huerto, no sólo fue condenado a ganarlo con el sudor de su frente, sino
que iba en lo sucesivo a alimentarse de carne -caza y pesca- para tragar, las
cuales necesitaba acompañarlas con pan, tal como nosotros. Las frutas y las
legumbres pasan sin él. El más para aquellas constantes excursiones de nuestros
abuelos prehistóricos, como para las nuestras bueno llevar sándwich. Toda pena
es buena con pan. El que tiene hambre piensa en él. Lo comen las personas que
son como el de buenas. Calma el llanto. ¿A quién le dan pan que llore? Y las
personas sinceras le llaman por su nombre y al vino, vino. El pan
es sagrado "¿Manha? ¿Qué es esto? Es el pan que se cuaja en torno de
nosotros mejor que en los trigales" Antes, Lot (Génesis 111) hizo una
fiesta "e hizo pan" y Abraham, cuando recibió a los ángeles ordenó a
la diligente Sara (Génesis XVIII) que preparan panecillos. Porque en la edad de
piedra, aunque hacía panes quedaban muy duros; y no eran de trigo, sino de
bellotas, como las que han encontrado en Wangen y en Robenhausen.
Vigilo consigna el hecho de que
los maridos molían el trigo mientras que las esposas, a cualquier hora se les
podía encontrar con las manos en la masa (Geórgicas, 1, 277). Se asombra
Herodoto de que los egipcios se llevan a grandes perfeccionistas el arte de la
panadería, amasan la harina con los pies y el barro con las manos. En Egipto
nace la distinción, que prevalece en México de las clases sociales por las de
pan que consumían. Los primeros pambazos los comieron los esclavos y el pan
blanco los ricos, como hoy. También los cocoles nacieron allá. Nos lo dice la
arquitectura y lo confirma el ajonjolí que los decora y sazona.
Pero panaderías públicas no las
hubo sino hasta el año de 168 a.C. el pan traía en Roma el Fecial de su autor.
Mas las caprichosas romanas, y más que ellas, las pompeyanas preferían seguirlo
haciendo en su casa, acaso porque sabían que eran hasta el tiempo de
Constantino, los esclavos, y después los ladrones y los criminales quienes lo
hacían.
El pan no armoniza con ciertos
guisos ni con determinados líquidos. Por eso a las personas inarmónicas se les
llama "pan con atole" y es preferible comer tortillas con frijoles y
piloncillo con el atole. Tal hacían los indios, y todavía no aceptan el pan. Es
sagrado, he dicho, y es católico. Confirmándolo de diversas maneras se celebran
fechas notables: las roscas de reyes, el pan de muerto, y luego las torrejas,
capirotada, y los chongos".
El pan es inseparable de la
leche. Si es incompatible con el atole, es indispensable con el chocolate o con
el café con leche. Niños y viejos lo bendicen porque se reblandece mojándolo
"en sopas". No es menor su interés literario. ¿En qué novela con
calabozos, no aparece con un jarro de agua, un pan duro? En que novela con
altruismo no se habla de los mendrugos o de las migajas y no
nos dicen "nos arrebatan el pan “¿Y el amargo pan del destierro? En la
Nueva España con la ordenanza de tenderos dada por el señor virrey, Márquez de
Gualmacazar el 17deagosto de 1619 y ejecutada por la Real Audiencia el trece de
enero de 1621, se dispuso que en las tiendas se puede vender todo género de
bastimento, maíz, leña, carbón, pan, azúcar, miel, vino, vinagre, aceitunas,
queso y todo tipo de las legumbres, tocino, manteca, menudo, compostura.
El 1719 aprobó el marqués de
Balero nuevas órdenes de la fiel ejecutora y mandaba en ella que los panaderos
se matricularan dentro de su tercera pena de a cien pesos. "Que
pongan marcas en el pan de diez pesos" (El Fecial Romano) y que separados
mientras se amasa el pan floreado y pambazo "que todo el Pan tenga
pintaderas y separadas las del pambazo y no teniéndole, se repute por
pambazo". "Que el que amasare trigo pelón no amase candela ni
bizcochero, sea panadero...
En la "Ordenanza del
pan" de 5-de febrero de 1580 dada por el Virrey Martín Henríquez se mandó
que ningunos sea osado de vender pan en su casa ni publican ni sacramento sino
en las plazas y partes públicas donde se lleve luego que se saque del horno,
pena del periodo el pan, y 10 pesos aplicados por cuartas partes por la segunda
doblada, y por la tercera privación de trato y destierro de un año. (Así las
penas. Si español, multas. Si negro o indio, azotes y publica vergüenza). De
estas ordenanzas resulto: I. Que los españoles se hayan especializado en las
panaderías, por privilegios legales y por gusto racial, y II. El refrán
"Se vende como pan caliente" y ya que el pan se vendía caliente.
En nuestros pueblos, coloniales
aún, el pan, se vende en las plazas, en grandes canastos, todavía las familias
en las colonias tienen su panadero predilecto, aquel que constituye el flirt de
las criadas y el regocijo de los niños, el flirt. Decorativo que
llega a las 5 de la tarde, cuando ellos vuelven del colegio, con su gran
bandeja de las chilindrinas, hojaldras, violines, huesos, cocoles, monjas,
empanadas, roscas de canela, cuernos, chamucos...
Las teleras -bolillos, o
virotes, según la religión- que consumimos actualmente en la mesa, son
adecuadamente grandes, parecen encerrar además, en su forma de puño cerrado,
una sorpresa. El pan, rebanado, americano -el pan que usted comerá- ya se sabe
que nada encierra. (¡Oh razas blandas que procedeis por partes, por pisos, por
años, por capítulos, por tajadas, por estados!). La telera y el bolillo son
aristocráticos totales individualistas. Nadie que se respeta se comerá delante
de la gente una sobra de bolillo como se come una rebanada de pan y
decid francamente ¿No hayáis preferibles las tortas compuestas a los sándwiches,
aún los pambazos compuestos? ¡Otro error de las huelgas del panadero, terror de
comer pan frío o de los que se les ocurra en casa hacer pan!
Tal es el inconveniente de los
días festivos. Andaran por las calles confundibles con albañiles -
la diferencia está en los huaraches y las alpargatas-, los panaderos
disfrutando su libertad. Los españoles con sus blancas batas de médico y sus
gordas caras de ángeles barrocos se desesperarán de inacción.
No se haya sin la prisa de
atender a los gritos corales de llenar santa, su misión de pan de las canastas
raidas más ya aparecen casas americanas que reparten pan en su automóvil
Tostado y de pasas -¡Poca imaginación nórdica para todos los usos. Aquellos
grandes surtidos bizcochos para la merienda, van desapareciendo. En los
cumpleaños ya se parten birthdaycakes. El té sustituye al chocolate y se
toma con pan tostado o con pan de pasas. Los bolillos, grandes trigos ceden su
puesto a las monótonas rebanadas. México se desmejicaniza. Con su pan se lo
coma.
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